UD Almería-Málaga CF: El último baile
La UD Almería quiere hacer valer su condición de mejor local ante un Málaga con desparpajo y aferrado a la misma ilusión
El Almería está más cerca del cielo, pero para eso hay que celebrar un triunfo. (UDA)
Juanjo Aguilera
Almería 19/06/2026
El último baile. Así bautizó Phil Jackson la temporada 1997/98 de los Chicago Bulls que inmortalizó después el documental de Michael Jordan. No era una cuestión de marketing ni una frase grandilocuente. Era la aceptación de una realidad incómoda. Aquel grupo había llegado a su fecha de caducidad. Ganaran o perdieran, el vestuario que había dominado la NBA durante años estaba viviendo sus últimos capítulos juntos. Esa conciencia convirtió cada entrenamiento, cada viaje y cada partido en algo más intenso. No existía la posibilidad de dejarlo para otro año. No habría segundas oportunidades ni margen para corregir errores en el futuro. Solo quedaba una última ocasión para decidir cómo sería recordada aquella historia.
El Almería afronta ahora una situación que, salvando todas las distancias, guarda un evidente paralelismo con aquella idea. Este equipo fue diseñado para regresar a Primera División y lleva meses conviviendo con la presión de una exigencia innegociable. Muchos de los futbolistas que hoy comparten vestuario pueden emprender caminos distintos dentro de unas semanas, puede que el mismo lunes, independientemente del desenlace. El mercado modificará piezas, alterará jerarquías y dibujará una nueva realidad. Rubi tampoco sabe si volverá a disponer de un grupo con estas características ni de una oportunidad semejante. Por eso este partido trasciende lo estrictamente deportivo. No es un encuentro más dentro del calendario. Es la posibilidad de culminar el trabajo de toda una temporada o de convivir para siempre con la sensación de que faltó un último paso.
Existe, además, una diferencia sustancial respecto a aquella historia de los Bulls. Su último baile se desarrolló lejos de casa, entre pabellones ajenos y focos repartidos por todo el país. El del Almería se baila en su tierra. Ante su gente. En el escenario donde nació el sueño del ascenso y donde puede completarse el círculo. La afición rojiblanca tendrá la oportunidad de acompañar a los suyos en una noche que puede quedar grabada en la memoria colectiva durante generaciones porque el fútbol enseña una lección que también atraviesa el documental de Jordan. Los equipos acostumbran a pensar que siempre habrá otra ocasión para levantarse. La realidad demuestra que los grupos irrepetibles suelen descubrir demasiado tarde que aquella era, precisamente, su última oportunidad.
Los precedentes también colocan al Almería en una posición de ventaja antes del desenlace definitivo. El triunfo en la ida le permite afrontar el partido sabiendo que una victoria o un empate bastarán para certificar el ascenso. Incluso una igualada tras los noventa minutos mantendría vivo ese privilegio, ya que obligaría a disputar una prórroga de treinta minutos en la que el conjunto rojiblanco conservaría el billete hacia Primera por su mejor clasificación en la fase regular. El rival está obligado a ganar para alterar el destino previsto. El Almería dispone de más caminos hacia el objetivo, aunque todos conducen por una misma carretera. Noventa minutos, o quizá ciento veinte, para completar su último baile.
Antecedentes
El partido de hoy es, en realidad, la segunda parte de una eliminatoria que se juega a 180 minutos y que incluso puede estirarse hasta los 210 si la prórroga reclama su protagonismo. Lo sucedido en La Rosaleda dejó una sensación favorable para la UD Almería por la manera en que interpretó el encuentro, aunque el marcador y la propia naturaleza del fútbol impiden dar nada por cerrado. En este deporte, las ventajas son siempre provisionales y las certezas duran lo que tarda en rodar el siguiente balón. Por eso sigue teniendo vigencia aquella sentencia de Vujadin Boškov de que «fútbol es fútbol». Detrás de esa aparente obviedad se esconde una de las verdades más profundas del juego. Las pizarras ordenan ideas, las estadísticas sugieren tendencias y los pronósticos reparten porcentajes de éxito, pero cuando el árbitro señala el inicio todo vuelve a quedar expuesto al azar controlado que define este deporte. Un rebote, un despeje defectuoso, una inspiración inesperada o un error insignificante pueden alterar el destino de una temporada entera. El fútbol tiene memoria para recordar héroes y villanos, pero muy poca piedad con quienes creen tenerlo todo bajo control.
En Málaga, el Almería ofreció probablemente una de sus actuaciones más maduras del curso desde el punto de vista defensivo. El equipo de Rubi entendió perfectamente qué exigía el contexto y supo minimizar las virtudes de un rival que había llegado lanzado al tramo decisivo de la temporada. Los rojiblancos redujeron los espacios, protegieron las vigilancias y apenas concedieron opciones claras a un Málaga que, de inicio, prescindió de Izan Merino, Joaquín Muñoz y Chupe, apostando únicamente por David Larrubia y Adrián Niño para tratar de generar desequilibrio, y que ni más tarde, con las modificaciones introducidas desde el banquillo, encontró la manera de hincarle el diente al entramado rojiblanco. El Almería tampoco vivió una noche especialmente brillante en la construcción ofensiva ni acumuló un caudal inagotable de ocasiones, pero sí generó situaciones suficientes para haberse marchado incluso con algún gol en la maleta. Fue un ejercicio de responsabilidad competitiva, de saber sufrir cuando tocaba y de interpretar que una eliminatoria de este calibre exige muchas veces administrar los tiempos antes que lanzarse al intercambio de golpes.
Ahora llega el momento definitivo ante un UD Almería Stadium que se ha convertido en uno de los grandes avales del conjunto rojiblanco. Lo esencial es que el equipo mostró una solidez defensiva capaz de sostener un resultado que, si vuelve a repetirse en casa, colocaría al club en Primera División por novena temporada desde que desembarcó en la LFP en la campaña 2002/03. Sería además el quinto ascenso de su historia, respaldado por una trayectoria como local que invita al optimismo, con 17 resultados favorables en los 21 encuentros disputados ante su afición. Sin embargo, la prudencia sigue siendo obligatoria porque el Málaga también ha construido buena parte de sus argumentos lejos de La Rosaleda. Los blanquiazules han sido el quinto mejor visitante de la categoría, con nueve triunfos a domicilio, y saben que únicamente una victoria les permitiría romper la baraja indálica y alterar el guion previsto. El Almería tiene la ventaja del escenario y del resultado emocional que dejó el primer asalto, pero el desenlace seguirá dependiendo de lo único que nunca cambia en este juego. Durante noventa minutos, o quizá algunos más, el fútbol volverá a demostrar que no entiende de favores ni de promesas. Sólo de hechos.
Armas
El equipo indálico tiene una base muy sólida para encarar la cita. No hay lista ni conciencia sobre la existencia o no de tocados. De Málaga sólo queda el cansancio lógico de un partido cargado intensamente, de esos en los que la tensión competitiva también pasa factura y desgasta tanto las piernas como la cabeza. De todas formas, es cierto que la ilusión por ascender, cumpliendo con el objetivo previsto en la pretemporada, tiene un efecto placebo que elimina rémoras y posibles padecimientos físicos para afrontar una afrenta de esta magnitud. La posibilidad de devolver al club a Primera División multiplica la capacidad de sacrificio y convierte cualquier molestia en un asunto secundario cuando el premio está tan cerca.
Apunta a un once tipo, quizá con alguna variante con respecto al partido del pasado domingo en Málaga. La principal incógnita parece residir en decidir si mantener a Arnau Puigmal, que cuajó un buen rendimiento mientras estuvo sobre el campo como para apostar de nuevo por él, aportando además una gran labor en tareas defensivas por la derecha, o dar entrada a Leo Baptistao para buscar otro tipo de amenaza ofensiva. Lo normal es que la portería, la defensa y el centro del campo se mantengan sin cambios, con Andrés Fernández bajo palos y una línea defensiva integrada por Daijiro Chirino, Rodrigo Ely, Federico Bonini y Álex Muñoz, un bloque que ofreció garantías y sostuvo al equipo en los momentos de mayor exigencia.
El centro del campo registrará con seguridad una dupla en la que aparecen el senegalés Dion Lopy y el serbio Stefan Dzodic, encargados de dotar de equilibrio, recorrido y consistencia a la medular. Por delante permanecerá esa incógnita sobre si el elegido es el hispano-brasileño o el rubinense, mientras Sergio Arribas y Adrián Embarba completarían una segunda línea con mucho gol, capacidad para desequilibrar y recursos para aparecer entre líneas. Todo ello con el añadido del enorme trabajo que realiza siempre Miguel de la Fuente, imprescindible por su compromiso, su capacidad para fijar a los centrales y ese esfuerzo silencioso que muchas veces explica el funcionamiento colectivo del equipo.
Ojo
El Málaga llega a Almería siendo fiel a su estilo, el de un equipo que también tiene tras de sí una plantilla que lleva el malaguismo impreso en la camiseta. Es un equipo cuajado de jugadores hechos en casa y que, tirando de valentía, ha conseguido un equipo que no se resiente por las bajas. Puede que el aspecto económico haya obligado a coger una vía, la única válida, pero que le ha salido perfecta porque, ante la adversidad de una entidad intervenida judicialmente, ha escarbado en la cantera, para confeccionar un equipo que podría vender por más de lo tasado a muchos de unos jugadores que quieren jugar en Primera.
Haitam Abaida se entrenó con normalidad y puede volver a jugar. Juanfran Funes, sin embargo, no puede contar con los Einar Galilea, Dorrio, Juanpe, Luismi y Álex Pastor, que se entrenaron al margen, inmersos en sus respectivos procesos de recuperación.
El árbitro por JOSÉ GABRIEL GUTIÉRREZ
Muñiz Muñoz: Trayectoria en la LFP: Cuarto a la UDA: Iglesias Villanueva, en el VAR:
La dirección arbitral corresponde al colegiado aragonés Carlos Muñiz Muñoz, natural de Zaragoza, de 30 años de edad, que fue jugador de fútbol sala y amateur y cubre su segunda temporada en la categoría. Después de cuatro en Tercera División y dos en Segunda RFEF, su siguiente etapa, en la 2023/24, fue en Primera RFEF y antes del ascenso a la LFP, el Málaga CF-RC Celta Fortuna (2-1) del playoff de ascenso, fue el último que pitó. Debutó en Segunda División en la temporada 2024/25, siendo el más joven de la categoría, dirigiendo el partido de la segunda jornada entre Córdoba CF y Burgos CF, jugado en campo del primero, con resultado de empate (2-2). Desde entonces, ha arbitrado 43, con 21 victorias del equipo local, once del visitante y once empates, en los 22 que pitó en la pasada Liga mostró la media de 3,24 tarjetas amarillas, sacó seis rojas y señaló trece penaltis. El de hoy es el cuarto partido que le arbitra a la UD Almería en la categoría de Segunda División, después de hacerlo en dos con los rojiblancos jugando como visitantes y uno en casa, con dos victorias y una derrota. El primero, en la pasada Liga, en campo del CD Eldense, con victoria alicantina (1-0) y los dos posteriores en la actual temporada, uno en campo de la UD Las Palmas (0-1) y el otro jugando en casa contra el Córdoba CF (2-1). El gallego Iglesias Villanueva estará en la sala VAR, en el vigésimo tercer partido que arbitre Muñiz Muñoz en lo que va de esta temporada, con diez victorias locales, ocho visitantes y cuatro empates, en los que ha mostrado la media de 3, 55 tarjetas amarillas, 'desenfundado' seis rojas y señalado cinco penaltis. Al Málaga CF le ha dirigido fuera en Córdoba CF (0-1) y en casa contra Dépor (3-0) y después con el CD Castellón (2-3).
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