Ahora o nunca para el Almería B
El equipo rojiblanco se aferra a las sensaciones para creer en una permanencia lejana, pero no imposible
Juanjo Aguilera
Almería
Sábado, 28 de febrero 2026
El Almería B ha entrado en ese punto de la temporada en el que ya no caben análisis tibios ni discursos de transición. Lo que queda es supervivencia. A las 12.30 horas, en la vigésimo quinta jornada del grupo IV de la Segunda Federación y arbitrado por el canario Bouzas Laconti, el filial rojiblanco visita a La Unión Atlético con la obligación emocional y matemática de volver a ganar. No hay otro verbo posible.
La clasificación es dura. Doce puntos separan al Almería B de la zona de permanencia, precisamente la línea que marca el conjunto murciano. Quedan nueve jornadas. Veintisiete puntos en juego. El margen de error es prácticamente inexistente. Si el filial quiere convertir la esperanza en algo tangible, necesita encadenar triunfos, algo que no ha logrado en toda la temporada. El primer paso lo dio la semana pasada en el Anexo, donde rompió once jornadas sin vencer y celebró por fin su primera victoria como local. Pero una victoria aislada no cambia un destino. Lo que puede cambiarlo es una racha.
Mejor de lo que dicen
Durante meses, el equipo compitió mejor de lo que indicaban los resultados. En Huelva, en Murcia, ante rivales de peso, mostró orden, personalidad y fases de dominio sin obtener premio. Faltaba el detalle final, la eficacia en las áreas, la gestión emocional tras un golpe. Ante el Puente Genil, además de jugar bien, supo reaccionar. Tras el empate visitante no se descompuso. Volvió a armarse, volvió a apretar y terminó imponiéndose. El entrenador lo resumía durante la semana con una reflexión que va más allá del resultado concreto. «El equipo está trabajando muy bien» y, después del triunfo, «ha trabajado mucho más tranquilo que otras semanas». La serenidad, en este contexto, es un activo.
El cuerpo técnico percibe una evolución clara en la intensidad y en la madurez competitiva. Se ve en la circulación de balón, más fluida y valiente. Se aprecia en la presión tras pérdida. Se nota en la manera de ocupar espacios y de sostener la estructura cuando el rival intenta correr. Pero todo ese crecimiento necesita continuidad. El propio entrenador fue directo al recordar que «la tabla nos dice que tenemos que darle continuidad a las victorias» y que el equipo debe salir «a por la victoria» sin especular con empates que ya no sirven.
Enfrente estará un rival herido pero peligroso. La Unión atraviesa una racha negativa, con siete jornadas sin ganar, dos empates y cinco derrotas que han frenado su curso. Sin embargo, mantiene una plantilla veterana, con jugadores acostumbrados a escenarios de presión y con experiencia en categorías superiores. La pasada temporada disputó el playoff de ascenso y, aunque ahora mira más hacia abajo que hacia arriba, conserva recursos para decidir partidos cerrados.
El campo de hierba artificial añade una variable más. Cambian las velocidades, cambian los apoyos, cambian los tiempos de pase. El técnico rojiblanco ha insistido en que en este tipo de superficies «no podemos cometer errores» porque el rival explota cualquier desajuste con mayor rapidez. El balón parado será otro foco de atención. La Unión tiene capacidad aérea y precisión en las acciones de estrategia, un aspecto que el filial ha trabajado con especial atención durante la semana.
Hay gol
En el plano ofensivo, el Almería B llega con una noticia que trasciende el marcador del último partido. Marciano e Iker Burgos volvieron a marcar. No es un dato menor. Durante buena parte del curso el equipo generó ocasiones suficientes para adelantarse con mayor claridad y, sin embargo, los partidos se le escapaban por falta de pegada. El entrenador reconocía que estaban llegando con frecuencia a portería y que necesitaban transformar esas oportunidades en ventaja real. Recuperar el gol no sólo suma en el marcador. Refuerza la confianza, libera tensiones y cambia la manera de competir.
También hay una dimensión psicológica en juego. El vestuario sabe que el margen es estrecho, pero también que la dinámica puede alterar cualquier pronóstico. «Llegamos en un muy buen momento», afirmaba el técnico, convencido de que el crecimiento no es puntual. El reto ahora es sostener ese nivel lejos de casa, en un escenario incómodo y ante un rival que también necesita reaccionar.
La Unión, pese a su mala racha, no regalará nada. Es un equipo que maneja bien los partidos largos, que sabe enfriar cuando le conviene y acelerar cuando detecta debilidad. Para el filial será clave mantener la concentración desde el primer minuto, evitar pérdidas en zonas interiores y no conceder transiciones claras. En partidos así, el detalle pesa más que el dominio estético.
Quedan nueve jornadas y cada una tiene valor de final. El Almería B no puede permitirse mirar más allá del día de hoy. No puede calcular escenarios futuros sin asegurar el presente. Doce puntos parecen una distancia enorme, pero el fútbol, especialmente en este tramo, responde a inercias. Si el filial logra enlazar dos victorias consecutivas, la percepción cambia. Si vuelve a tropezar, la montaña se hará casi vertical.
Este mediodía, en el Juan Cayuela, no resolverá matemáticamente la permanencia. Pero puede redefinir el estado anímico de un grupo que ha decidido competir hasta el último día. El Almería B necesita demostrar que la victoria pasada no fue un accidente, sino el inicio de una reacción. En La Unión se juega algo más que tres puntos. Se juega la credibilidad de su propia remontada.
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