lunes, 8 de mayo de 2017

Concurso de despropósitos

Concurso de despropósitos

Becerra se anticipa a Uche en un balón aéreo para despejar el peligro.
Becerra se anticipa a Uche en un balón aéreo para despejar. / JAVIER ALONSO

Era de esos partidos para salir a morir futbolísticamente, no para jugar al fútbol; solo Quique, el de casi siempre, lo entendió
Tanto toque a la salida del balón, que al final vino el error
RAMÓN GÓMEZ VIVANCOS-GARCÍA  08 Mayo, 2017

Parecía una tarde cualquiera en la casa de Ibáñez, 13 Rue del Percebe. Un despropósito detrás de otro, desde las declaraciones previas al choque hasta el final de la rueda de prensa de Ramis. Abría el fuego Paco Herrera tildando el partido de vital para el Valladolid y no tanto para el Almería. O sea, que permanecer en Liga de Fútbol Profesional, ¿no es lo primordial? ¿Es más traumático no ascender a Primera (hablaba de promoción, no de ascenso directo) que caer en el pozo de Segunda B? De risa lo de Herrera. Lo malo es que dichas afirmaciones abdujeron a los de Ramis, a tenor de la forma de encarar un enfrentamiento que, de haberlo sacado adelante, hubiese podido certificar media permanencia. Luego, el estilo arribista exhibido por el Valladolid, reflejó la cara de un técnico que, venciendo injustamente por tres tantos, mostraba nulo respeto hacia el rival con absurdos aspavientos como si no se hubiera visto en otra. Pero quien nos atañe es Ramis, que anduvo toda la tarde perdido en una nebulosa por saber que pese a la derrota, no se retornaría a puestos de descenso. Su máxima y grave responsabilidad fue el mantener sobre el terreno de juego a Fidel, cuando desde los primeros minutos el más neófito en la materia podía comprobar el aciago día del extremo. Pero si no quieres caldo, toma dos tazas. Hasta el final del encuentro estuvo Fidel errando sin parar; de sus botas pudo haber salido el centro del posible empate, cuando el Valladolid se encontraba agazapado, echando balones fuera. Lo que vino fue el contragolpe que dio origen al penalti definitivo, debido a la enésima pérdida del onubense. El jugador no tuvo la culpa, más bien fue su técnico el que se empecinó en no sustituirlo por Puertas a las primeras de cambio, pese a que su titular no daba pie con bola, nunca mejor dicho. Otro dislate de la tarde enlaza con la forma de afrontar el choque. Era de esos partidos para salir a morir futbolísticamente, no para jugar al fútbol. Tan solo Quique, el de casi siempre, entendió el mensaje. Tanto toque a la salida del esférico, que al final vino el error. Y es que no nos olvidemos, Sr. Ramis, que esto es Segunda División, donde las florituras sobran. Tampoco entendí lo que comentó el técnico almeriense acerca de no mirar la clasificación al final de los partidos. Anda que está la cosa para esos lujos. Dicho esto, el excesivo resultado a favor del Valladolid nos trae una doble lectura positiva: se supone que los de Ramis saldrán a morir a partir de ahora y el Valladolid se empleará a fondo en sus próximos choques ante Mallorca y Mirandés, en beneficio rojiblanco. Mención especial merece Casto, que confirmando su gran temporada mantuvo con vida a su equipo hasta el final. Las esperanzas de salvación siguen intactas, el calendario sigue siendo favorable, pero jugar con fuego no deja de ser lo menos recomendable cuando con tanto sufrimiento, y presión por parte de los seguidores para provocar el cambio en el banquillo, se ha llegado a una posición privilegiada después de la ardua marcha.
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