Miguel Rivera quiere ganarse el banquillo del primer equipo y para ello confía en su férrea filosofía. La defensa está bajo mínimos: Cuéllar y Zábaco, fuera
PABLO LAYNEZ | ACTUALIZADO 11.10.2015
Rivera coloca en orden las botellas en su área técnica, algo que hace siempre.
Si Alfonso García no tiene muy claro todavía quién va a llevar su proyecto a partir de ahora, la decisión se le puede complicar mucho más si el Almería fuera capaz de romper su pésima racha y reencontrarse con la victoria. Y si además lo hace con buen fútbol, algo que se le debe exigir a esta plantilla, lo normal sería que se dejara de buscar grandes nombres fuera y atendiera a los que tiene en su propia casa.
La etapa Sergi acabó como más o menos se preveía: mal fútbol, enfado importante de la afición y un equipo por la moral por los suelos. Como en toda crisis, ahora le toca hacer de apagafuegos al que menos culpa tiene y en este caso es Miguel Rivera. Sin embargo, al malagueño le gustan este tipo de retos y tiene arrestos para esto y para mucho más. Ya lo demostró cuando arribó al club para hacerse cargo de un filial que estaban hundido en la clasificación del grupo IV de Segunda B y lo salvó, o el año pasado cuando tuvo que sustituir a Francisco nada más y nada menos que contra un Real Madrid, al que le plantó cara en el Mediterráneo.
Una temporada después, al técnico del filial le vuelve a tocar una difícil papeleta. Coge a un equipo incapaz de ganar en las últimas jornadas y que no deja su puerta a cero ni ante un conjunto de Preferente, con el objetivo de convertir todos sus males en virtudes. Para eso, lo primero es hacer borrón y cuenta nueva. Rivera ha tratado de levantar la moral de una tropa a la que le quemaba el balón, para la que era un mundo dar dos pases seguidos. Con este problema tan grave, difícil era que el estilo que propugnaba Sergi diera sus frutos, al catalán el plantel se le vino abajo psicológicamente.
En los pocos entrenamientos que ha hecho con la plantilla, ha dado dos pinceladas sobre su juego, que tan bien conocen jugadores como Puertas, Marín, Míchel Zábaco, José Ángel e Iván, a los que tuvo el año pasado en el filial. El malagueño, a diferencia de su antecesor, sí hace examen de conciencia y reconoce que el Almería era una madre en el sistema defensivo. No por la defensa, sino porque el equipo sólo se preocupaba de crear y, pese a no conseguirlo, se olvidaba de correr hacia su portería. Si bien la intención del club es que todos los equipos de cantera jugasen con la filosofía del primer conjunto, Rivera no ha sido tan suicida en estos primeros meses con el Almería B y su conjunto ha sido mucho más equilibrado.
El malagueño sabe que en la parcela ancha es tan importante mover el balón como replegar a la hora de defender. Además, no le gusta tomar riesgos a la hora de sacar el balón desde atrás ni manosear tontamente el balón como ha hecho el equipo hasta ahora, aburriéndose hasta a sí mismo. Aunque en tan poco tiempo es imposible que se vea a un Almería distinto, lo que sí tendrán los rojiblancos es un sello de combatitividad y coraje que hasta ahora no han dado a conocer.
Si bien extradeportivamente los jugadores han levantado la cabeza, en lo deportivo el Almería llega a Montilivi con muchas bajas. Junto a los lesionados de larga duración Fatau, Jonathan y Ximo Navarro, se han quedado Cuéllar y Míchel Zábaco, que no han mejorado de las dolencias que llevan arrastrando durante toda la semana. Cristian, además, por decisión técnica tampoco va a viajar esta mañana. De esta forma, los rojiblancos llegarán a tierras gerundenses con la defensa bajo mínimos. Por suerte (siempre que Dubarbier quiera hacer un buen partido o por lo menos falle menos que de costumbre), el lateral estará ocupado por un especialista que debe demostrarle a Rivera que está a tope para no dejarse ganar otra vez el puesto.
Al que quiere recuperar para la causa el malagueño es a Fernando Soriano. Miguel Rivera sabe que un hombre de su peso en el vestuario y en el césped es fundamental que esté siempre en las convocatorias, puesto que un equipo sin su capitán pierde a su mano derecha. A Sergi le faltó mano izquierda tanto con el maño como con Corona antes de su marcha y la situación se enquistó. Precisamente en estos momentos de nerviosismo en los que las victorias son la única medicina, futbolistas de la experiencia de Soriano son fundamentales para guiar la calidad, juventud y ambición que derrocha este equipo. ¿Se imaginan un 2 hoy en la quiniela? La situación iba a ser curiosa.
Anda que si venciera hoy
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