jueves, 28 de marzo de 2013
Un pichichi bajo los palos
Hugo, portero del Huércal, recuerda el gol que marcó el domingo desde su portería. El año pasado ya logró uno similar en Las Viñas ante el Vera
PABLO LAYNEZ / DIARIO DE ALMERÍA
Hace algunos años, Coca Cola sacó un anuncio añorable y muy llamativo. En él se veía a un portero concentrado, pensando en el partido, en lo importante de su papel en la portería. La emoción del grito de todo el equipo en el vestuario, de la salida al campo o de las paradas que realiza se concentran en un saque de esquina y en una frase: "Y siempre me pregunto, ¿qué se sentirá al marcar un gol?", momento en el que se ve al meta subiendo al área rival y rematando de cabeza.
Aunque esta jugada es habitual verla en los partidos decisivos por parte del equipo perdedor, normalmente los guardametas no tienen la fortuna de Palop en un partido europeo con el Sevilla o de Aranzubía en Liga con el Deportivo en el Estadio de los Juegos Mediterráneos ante, quién si no, el Almería. Precisamente en ese encuentro estaba en la grada Hugo, un joven portero que no sabía lo que el futuro le iba a deparar. Después de irse con un enfado morrocotudo a su casa tras el 1-1 que consiguió Aranzubía ante el equipo almeriense, el de Los Molinos no tenía ni la menor idea de que el siguiente gol de un portero que iba a ver en su vida lo iba a conseguir él. Y no sólo uno, sino que ya lleva dos.
Aunque no se le puede poner el calificativo de fácil a un gol marcado por un portero, posiblemente los tantos de Hugo tienen más dificultad que los que lograba Chilavert de falta o de penalti o los cabezazos de Palop y Aranzubía. Los porteros del Vera y Alhaurín comprobaron cuán potente es el saque largo del portero de 21 años del Huércal. Y no vayan a pensarse que es que su homógolo rival estaba adelantado o había subido a rematar: en ambos partidos iba perdiendo su equipo y él buscaba un balón en largo para sus delanteros.
Sin embargo, el año anterior en Las Viñas en un campo "mojado y rápido", como él mismo recuerda un partido que perdieron 2-1, y el pasado domingo en Huércal, sus saques acabaron en las mallas rivales. "Estaba ya terminando el partido, era el minuto 94 y ellos dispararon. Cogí el balón, chuté lo más fuerte que pude para que estuviera cerca del área rival y entre el sol y el viento terminó entrando" y salvando un punto fundamental para el conjunto almeriense ante el Alhaurín que vencía en el descuento por 1-2. Obviamente, por su cabeza no podía pasar la idea de llevar ya dos tantos en su haber: "Mis amigos siempre me lo dicen porque es cierto que tengo un golpeo largo y fuerte. Tiré, tiré, tiré... hasta que ocurrió. Al principio no me lo creía, pero me di cuenta que era real cuando venían mis compañeros a abrazarme. Sientes... felicidad por el punto", dice un tanto dubitativo, sin saber explicar a ciencia cierta lo que quería experimentar el portero de la Coca Cola.
En lo que sí insiste el meta formado en el Oriente y que pasó por el Pavía antes de recalar en el Huércal, es que lo más importante de su gol ante el cuadro malagueño fue el punto que salvó. Los almerienses están cuatro puntos por encima del descenso y en su cabeza sólo está la palabra salvación. "Al principio de temporada no pensábamos que nos íbamos a desinflar. Entre todos juntos hay que remar para sacar esto adelante", desea el molinero, que ya tiene entre ceja y ceja su próximo reto: "Ojalá caiga algún que otro gol más a menudo. Y si puede ser el domingo en El Palo, mucho mejor", finaliza.
Un pichichi bajo los palos
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