VILLARREAL CF | UD ALMERIA
Dubarbier supo recomponerse tras su error inicial en una entrega al rival que costó el 1-0. Rafita imposibilitó cualquier apelación a la heroica en la recta final cometiendo penalti
PACO GREGORIO | DIARIO DE ALMERÍA
Dubarbier y Torsiglieri se arrojan al piso sin fortuna para intentar evitar el 1-0 de Uche.
Sebastián Dubarbier no acaba de tener suerte. El futbolista argentino, que aceptó rebajar los emolumentos que percibía en el Córdoba para poder militar en Primera con el Almería, tiene la mala fortuna de que cuando comete un error le cuesta puntos a su equipo. Ayer ocurrió nada más empezar el encuentro, concretamente a los tres minutos. Intentaba sacar un balón jugado por su banda, pero el fallo en la entrega provocó que Mario cediera para Gio y éste asistiera a Uche en la acción del 1-0.
Intentó Dubarbier en vano rectificar su desliz corriendo a taponar el disparo a bocajarro de Uche con tan mal pie que resbaló sobre el césped de El Madrigal y no pudo hacer pantalla, como tampoco lo consiguió su compatriota Torsiglieri, que había acudido igualmente a entorpecer el remate del ariete nigeriano.
La jugada condicionó el partido para los rojiblancos, pues a patir de ese momento tuvieron que remar con el marcador en contra, si bien Dubarbier supo recomponerse y cuajó una buena actuación en líneas generales, destacando sobre todo por sus incansables intentos de desdoblamiento por su banda para que Barbosa, Aleix Vidal o Suso (todos los que cayeron por ese costado) tuvieran ayudas.
En el bagaje general del primer periodo hay que anotarle un saque de esquina que logró forzar ante Musacchio, una pérdida al intentar rematar un córner que casi ocasiona un contragolpe a favor del Villarreal y varias incursiones al ataque en las que le sirvió de apoyo a Aleix Vidal, pero sin llegar a profundizar ni centrar con peligro.
En la segunda mitad Dubarbier incrementó sus subidas por el costado izquierdo por la necesidad del Almería de buscar el empate y la entrada de Suso, que incrementó la presencia en el área rival. En esos minutos cabe destacarle un centro al área abortado por Dorado y una obstrucción a Aquino por la que vio la cuarta amarilla en lo que va de Liga, lo que lo deja a una sola cartulina de cumplir ciclo de sanción.
Supo frenar sin muchos apuros a Aquino y lo pasó algo peor con la entrada al campo de Hernán Pérez, más fresco. Y si en el carril izquierdo se gestó el 1-0 a las primeras de cambio, cuando el partido moría y en el carril contrario era Rafita quien cometía un penalti tan claro como absurdo sobre Pereira que Bruno materializaba para poner la puntilla.
Un error en cada carril, dos goles
Dormido antes de la nana (2-0)
La siesta se le interrumpe a los 2 minutos al Almería cuando ya perdía Voluntad tras el descanso, pero sin una referencia en el área
PABLO LAYNEZ, VILLARREAL | DIARIO DE ALMERÍA
A un estadio que históricamente no se le había dado nada bien al Almería, donde ya la temporada pasada se le había negado el ascenso en primera instancia, volvían los almerienses para tratar de comenzar con nuevos bríos la segunda vuelta.
De aquella tarde del pasado junio había ayer muchas caras similares, aunque para nada el ambiente festivo y de jolgorio generalizado que acabó, como tantas otras veces, con una inmerecida victoria de Marcelino por la mínima.
Con la intención de demostrar que por lo menos teóricamente había aprendido la lección de Bilbao, Francisco trató de no permitir a los amarillos jugar a sus anchas. A diferencia de en partidos anteriores, donde había dado resultado la defensa de tres, ayer apostó por los mismos pivotes para que Tébar echara una mano al centro de la defensa. Un cambio que de primeras no funcionó: al minuto de juego Uche estuvo a punto de marcar de cabeza y tan sólo segundo después lo conseguía. Otra vez a la espalda de Dubarbier, la autopista que tuvieron los villarrealenses en la ida. Curioso que los almerienses dejaran salir a Pellerano hace un mes, un central que cumplía en la línea de tres, y no haya ahora quien cumpla su papel.
Si al Villarreal lo que le gusta es contragolpear, ni en el mejor de sus sueños Marcelino tenía en su cabeza este inicio. Nadie se atrevió a quitarle el balón a Uche y cía en los primeros minutos; fue recogerlo Esteban de las mallas y ya los amarillos no dieron tres pases seguidos. No lo necesitaban, les bastaba con recuperar mientras el Almería movía el cuero con más intención que peligro, para dársela a Giovani para que éste corriera. Los de Francisco, por su parte, manejaban en la parcela ancha pero no sabían cómo meter mano. El míster había apostado ofensivamente por la velocidad en detrimento de los centímetros de Óscar Díaz o Soriano. Sin embargo, todo el peligro se resumía a llevar el balón a banda para perderlo ahí en inferioridad o sacar un centro fácil para los defensas locales. Pero es que la única en la que el Almería corrió, el disparo de Jonathan salió por línea de banda. Con ese bagaje no le hizo ni cosquillas a un rival que no apretó el acelerador.
Con 45 minutos por delante, el Almería se dio cuenta de que si lo intentaba podía sacar algo de un Villarreal que había desconectado. La entrada de Suso iba a darle más mordiente y más llegada al ataque, pero la baja del goleador Rodri ha dejado al equipo huérfano de un rematador. El único peligro por alto llegaba con las subidas de Torsiglieri en los saques de esquina. Precisamente uno llegó precedido de un tiro de Aleix Vidal que tropezó en Dorado, descolocó a Asenjo y se marchó fuera por muy poco. Tarde, quizás demasiado, pero había despertado y espabilado.
La grada estaba en tensión, el gol se olía en la misma portería que en la primera parte. Verza y Azeez lo intentaron con poca fe, poco después un disparo de Suso y el posterior rechace al que fue sin convicción Marcos Tébar sí que merecían haber acabado en empate. El Villarreal estaba jugando con fuego, aunque todavía no se había chamuscado de milagro. Marcelino introdujo los cambios para darle aire fresco a su equipo y romper algo el ritmo del partido, pero no lo consiguió. El Almería sabía que las pocas opciones que ya le quedaban para puntuar era morir matando, jugárselo el todo por el todo. Para ello, Soriano y Óscar Díaz iban a tratar de aportar esa falta de remate que echaba de menos un equipo que marca casi siempre.
Sin embargo, después de no haber sido capaz de sacar tajada de sus ocasiones, tímidas y poco claras, aunque alguna mereció acaba en gol, fue Pereira el que se encargó de hacer su trabajo en el área. El delantero, que sabe vivir en el área y buscarse la vida, encara a Rafita y la jugada acaba como todo el mundo presumía: penalti, gol de Bruno y sentencia. Otra victoria muy de Marcelino, con poco juego y aprovechando las facilidades que siempre da el Almería, su rival favorito.
Dormido antes de la nana (2-0)
El Villarreal duerme en Liga de Campeones tras superar a un buen Almería

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