UD ALMERÍA | El Acta de Vivancos
Se ganó donde tantas veces hizo el ridículo aquella UDA alegre y ofensiva que pretendía encandilar en campo ajeno
Rubi en el duelo de ida del play-off ante el Málaga el curso pasado / Jorge Zapata / EFE
Ramón Gómez-Vivancos García
Almería, 28 de septiembre 2026
Quizá vimos durante la segunda parte en Mallorca al mejor Almería de la era saudí. Se dice, y no pasa nada. Por el contexto de partido, por el enorme rival y por competir en un escenario hostil, donde tantas y tantas veces ha hecho el ridículo aquella UDA alegre y ofensiva que pretendía encandilar en cada visita a campo ajeno. Desde la llegada de Turki se nos intentó inculcar esa utópica manera de afrontar esos choques lejos del Mediterráneo, con el resultado que todos conocemos, el de un conjunto que no pasaba de media tabla en Segunda, si solo se contabilizaban los encuentros como foráneos.
Tras los dos primeros envites de la temporada en Tenerife y Sabadell, planteados de una manera similar a los de anteriores campañas, Pimienta ha optado por otra fórmula, la que más se demandaba. Y es que el técnico catalán de momento ha revertido la situación a base de más centro del campo y de juntar líneas, para que su conjunto consiga lo que más anhelaba cualquier aficionado sufridor del Almería visitante, que su equipo no se partiese en dos. Aquellas autopistas por donde machacaban a una zaga que en numerosas ocasiones no tenía toda la culpa han desaparecido.
En Córdoba se comenzó a atisbar lo que en Mallorca se pudo apreciar con claridad, sobre todo en una segunda mitad donde la disciplina y la contención no estuvieron reñidas con las llegadas al marco contrario. Seguro que miles de aficionados rojiblancos se sienten en este momento orgullosos de su equipo y de su entrenador, por apostar por lo que las circunstancias demandaban, más allá de poder ganar, empatar o perder un partido de fútbol. Por cierto, una postura antagónica a la que predicó durante tantas temporadas la propiedad del club, que a veces parecía apostar más por la valentía y la lucidez que por el resultado conjunto del club.
La alineación inicial en Mallorca supo a gloria, con cuatro centrocampistas, dejando como únicos delanteros puros a Miguel y a Embarba. Ese entramado, que a su vez permitía una maravillosa anarquía en ataque, terminó en la segunda parte por desesperar a todo un Mallorca que tuvo opciones de empatar al final gracias a un Arribas que estuvo dormido en el momento supremo del gol. Más tarde, la entrada de Luna por Emabarba no hizo sino apuntalar la idea de juego que le ha llevado al Almería a lograr dos victorias consecutivas como visitante sin encajar un solo tanto.
Pero más allá de los resultados, mejor fue la impresión que dio un equipo solidario, bien situado, acertado en defensa y vertical en ataque, que no lo conoce ni la madre que lo parió si recordamos los disgustos de una afición muy quemada cada vez que viajaba a los estadios del rival o veía el choque por televisión. Destacar a alguien resultó complicado, porque se jugó como un auténtico conjunto, aunque al final Andrés colocó el broche de oro con su intervención. Que tome nota la directiva, no todo es el lucimiento individual, porque con la exhibición colectiva todos salimos ganando y además es la mejor forma de alcanzar el objetivo del ascenso.
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