No acepta el cruel revés del destino
Lo que se ganó ante el Girona con suerte, se escapó ante el rival más rácano que ha pasado por el Mediterráneo. Tuvo ocasiones, control, jugó con sentido, levantó un inesperado y mortal 0-1, y sólo le faltó la puntería
PABLO LAYNEZ | ACTUALIZADO 28.03.2016

Juan Ramírez no consigue batir a Cabrero, tras lanzarse al suelo Companys in extremis.
Si el Almería es capaz de seguir en esta línea, o proseguir con su mejoría, sólo puede salvarse. Es normal que la afición ayer se marchara decepcionada porque se escapó una ocasión inmejorable de salir de la zona de descenso, por auténtica mala suerte. Pero no es el momento de bajar los brazos ni de dejarse llevar por los nervios, puesto que el equipo de Gorosito demostró estar muy vivo y aunque no lo parezca, dio un nuevo paso hacia su objetivo.
Lo dio porque ha recortado un punto con sus perseguidores y porque fue capaz de evitar que la racanería se impusiera a los méritos. No es moco de pavo, ser capaz de levantarse después del inesperado 0-1 tiene mucho mérito y moralmente no te permite desfallecer. Hace dos semanas, la película fue totalmente diferente, ante un Girona que fue muy superior y terminó cayendo. Ayer, aunque el juego del Mallorca no tiene parangón ni con un equipo de Preferente, se rebeló ante su destino y no se dejó ir hacia el abismo.
Las sensaciones no van a sacar al Almería del descenso, en una categoría tan traicionera y tan perra. Hacen falta goles. Pero sí muestran una progresión, una diferencia de puntos y de juego que se ha acortado con respecto a Huesca, Mallorca y Ponferradina. Incluso a algún otro como el Numancia, que se está descuidando. No tienen mejor pinta ninguno de los rivales citados anteriormente, visto lo visto, parece una osadía decir que el cuadro de Fernando Vázquez va a lograr la salvación antes que los rojiblancos. Podría pasar, pero sería porque el Almería decide abandonarse a su suerte, porque el fútbol te puede ser injusto un partido, pero a la larga te pone en tu sitio. Y si bien los rojiblancos eran incapaces de hacer dos cosas buenas en toda la primera vuelta, ahora ya no se descomponen cuando encajan y poco a poco comienzan a generar juego incluso con la defensa de cinco. Eso sí, la clave de la salvación sigue estando en la puntería de cara a la portería contraria y ayer fue el tendón de Aquiles.
Hasta que el destino quiso jugarle una cruel jugarreta a los rojiblancos, el Almería pasó por encima del peor rival que ha pasado por el Mediterráneo. No ya el peor porque no mostrara nada o porque no tuviera capacidad, sino que no quiso jugar en ningún momento. Fue cobarde. Diez hombres metidos en un área, una tarea muy complicada que requería tranquilidad y control sobre los nervios. Ahí empezaron a brillar Michel y Dubarbier, que se aprovecharon de fenomenales pases de Pozo para desestabilizar el muro mallorquín. Por los costados del área, los dos laterales pusieron varios balones muy buenos, que no remataron con claridad ni Quique ni Lolo. El propio Michel gozó de una ocasión inmejorable, aunque le faltó instinto solo ante el Cabrero.
Parecía cuestión de tiempo, de tino, de no precipitarse y colocar un poco el disparo en vez de soltar un punterazo. Lo que ha faltado en otros partidos, el último pase, ayer lo dio Pozo en varias ocasiones, pero a Quique y Ramírez, en nuevas ocasiones desde el perfil zurdo, les venció la ansiedad para que el Almería siguiera desperdiciando ocasiones.
Tanto fallo arriba se tradujo en uno atrás, el único del partido, que resultó fatal. Por no dar un balonazo, el Almería regaló una falta casi en la mitad del campo. Ésa misma para el Almería, se queda en un saque en corto. Pero el Mallorca la puso en el área y en el único balón que fue a la meta de Casto, Yuste hizo el 0-1. Horror. Injusticia tremenda, pero fútbol al fin y al cabo. El orgullo no se perdió con ese mazazo y aunque aparentemente valga de poco, José Ángel empataba la contienda con un zurdado antes y después de más ocasiones, todas rojiblancas. Al final, un punto que sabe a muy poco y que debe revalorizarse a largo plazo.
No acepta el cruel revés del destino
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