domingo, 22 de abril de 2012

Siempre hay que liarla


Cuando el Almería estaba a punto de dar carpetazo a su crisis, un error impropio de un central le cuesta dos puntos
Gol tras el descanso y a verlas venir en vez de sentenciar
REDACCIÓN / DIARIO DE ALMERÍA

La afición almeriense se resiste a tirar la toalla y se aferra a un clavo ardiendo para ver a su equipo la temporada que viene en Primera. Ejemplo de ello fue el Estadio de Cartagonova y sus alrededores, donde sólo se oía el grito de "¡Almería, Almería!", cantado incluso por algunas peñas mientras almorzaban una ensalada de pasta con el capó del coche como improvisada mesa.

"... ¡porque este año subimos a Primera y pobre del que quiera quitarnos la ilusión", atronaba al comienzo del partido. Para ello, el Almería debía superar su pésima racha de resultados en el campo del colista con un juego que trata de pasar la página Alcaraz, aunque no lo consigue. Se vislumbran unos pequeños brotes pero que andan todavía muy verdes y que no germinan porque los del Boquerón han perdido la confianza de la que habían hecho gala hasta hace dos meses. Con un poco de presión el Cartagena comenzó a crear peligro y provocó múltiples desconciertos en la zaga ayer azulina. Héctor y Collantes probaron a Esteban desde lejos y Manolo Gaspar perdonó a su ex con un cabezazo centrado. Sin ser agobiante, el mayor dominio albinegro convirtió al Almería en un manojo de nervios: dar dos pases seguidos en terreno de juego rival era un éxito y salvo una volea de Verza, nada más ofreció en la primera parte ofensivamente.

Al descanso se jactaba la hinchada cartagenera de lo bien que estaba frenando su equipo a Ulloa. Si bien en 45 minutos el argentino había pasado desapercibido, necesito unos segundos para que más de uno se acordara de su madre: controla de espaldas y cuando todos pensaban que iba a girarse asiste a Juanma Ortiz que encara solo. El meta local detiene su tiro, pero Vidal llega al segundo palo para reventar el balón. El 0-1 suponía un alivio para un equipo acongojado, al que los nervios no le abandonaron.

El partido se había puesto de dulce porque si el Cartagena ya se había mostrado estéril en sus mejores minutos de juego, ahora sólo apelaba al corazón para tratar de darle la vuelta al partido. Al corazón y a alguno de esos fallos almerienses que últimamente parecen el pan nuestro de cada día. Los de Carlos Ríos dieron un pase al frente y se descompusieron totalmente. Sin embargo, el Almería no supo aprovechar la situación. Pese a que gozó de múltiples espacios, el miedo porque el Cartagena no marcara fue mayor que la ambición por sentenciar y dar carpetazo a la crisis.

Pero ésta sigue su curso. Y con el marcador de ayer, incrementada. Todo gracias a un error de infantiles de un jugador internacional. Santi Acasiete, como último jugador, pierde un balón criminal que acaba en penalti de Esteban. Braulio ejecuta el 1-1, que duele como se produce, pero que es hasta justo porque el Almería no quiso ganar cuando lo tenía todo hecho y regaló dos nuevos puntos que hacen una pupa tremenda.

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