De los 40 goles encajados, 16 son directamente achacables a despistes o fallos de los laterales. Han costado 21 puntos. En el lado positivo, Rafita secunda a Suso como asistente
PACO GREGORIO | DIARIO DE ALMERÍA
2-0 del Villarreal, conseguido de penalti tras la infracción de Rafita.
El ímptetu ofensivo que Francisco le demanda a los laterales tiene su contrapartida a la hora de defender. Con 40 goles encajados el Almería es la tercera escuadra más goleada de Primera, solo por detrás de Rayo y Betis, y de esa cifra al menos 16 tantos son directamente achacables a despistes o fallos de sus carrileros.
Dubarbier, Rafita y el rescindido Christian han dado pie a esa estadística negativa que arrastra el equipo desde la primera jornada de Liga, cuando un penalti del argentino permitía al Villarreal empatar a uno en un duelo que a la postre ganaría 2-3. En la visita a Getafe de la segunda jornada, Lafita marca el 1-1 después de que un compañero se marchase fácil de Dubarbier y luego el propio Lafita lograba el 2-2 al transformar un penalti infantil de Rafita.
La concatenación de errores en los costados fue una constante en el arranque liguero y frente al Elche se reprodujo cuando Edu Albacar hacía el 1-1 por unas manos innecesarias de Dubarbier.
Menos grave, pero una mala marca al fin y al cabo, fue el 1-0 con el que Villa abrió el marcador en el Calderón después de que Rafita no lo tapase bien. En la quinta jornada entró en escena Christian con la rocambolesca acción en la que vio dos amarillas y se le señaló penalti, que El Zhar ejecutaba para recortar distancias cuando el partido iba 2-0.
El momento cumbre de los despropósitos llegaría en el Sánchez Pizjuán, cuando el propio Christian regalaba el balón a Gameiro en un saque de banda para que el ariete galo fusilara a placer a Esteban en el 1-0, mientras que Dubarbier tampoco tapa bien el centro a Rakitic que originó el 2-1 definitivo. En la visita a Anoeta entró de nuevo en escena Rafita, que se duerme en el marcaje a Griezmann y el galo cabecea a gol el 1-0. Luego José Ángel le hacía un traje en el 3-0 final.
La buena racha de resultados frente a Valencia, Valladolid y Osasuna coincide curiosamente con que el equipo se muestra eficaz en la defensa de las incursiones de los rivales por las bandas.
Fue un espejismo, ya que ante el Real Madrid se vuelve a las andadas, con Dubarbier regalándole el 3-0 a Bale dentro del área. En Balaídos, el argentino se deja comer la tostada ante Hugo Mallo, que centra para que Charles marque el 3-1.
Frente al Athletic, Dubarbier se tropieza facilitando el centro de Susaeta en el 2-0 y Rafita ni siquiera hace pantalla en el 5-1, obra de Ibai al enviar un disparo a la escuadra. Como colofón, al menos hasta la fecha, la derrota en El Madrigal, donde Dubarbier entrega el balón a un contrario originando el 1-0 y Rafita comete un penalti absurdo que suponía el 2-0 cuando el Almería buscaba la igualada.
En once de los veinte partidos de Liga hubo diversos fallos de los laterales, la mayoría por despistes propios, no por cuestiones tácticas o de posicionamiento. Esos errores de bulto arrojan una estimación de 21 puntos perdidos, sin contar los producidos en partidos saldados con goleada como ante Real Madrid, Athletic o Celta. Dubarbier fue protagonista en ocho goles, Rafita en media docena y Christian tuvo participación directa en dos.
En el aspecto positivo (que no todo es cuestión de ver la botella medio vacía), Rafita secunda a Suso como mejor asistente unionista. El lateral balear ha dado tres pases de gol (en dos se benefició Rodri y otro lo aprovechó Soriano de cabeza), mientras que de las botas del gaditano han salido cinco asistencias.
Dubarbier fue el autor del 1-0 en la goleada al Granada (3-0) y botó el córner que remató Rodri en El Sadar (0-1). Cuantificando su aportación en el capítulo ofensivo, entre ambos han aportado 7 puntos, ya que la única asistencia de Rafita que reportó réditos fue en el empate ante el Elche (2-2).
Francisco, que a buen seguro maneja estos datos, es quien debe tomar cartas en el asunto para intentar mitigar la sangría.
Las bandas, un coladero

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